El Santo Manto
o Sábana Santa, que una sólida y sustentada tradición señala
como el manto que envolvió el cuerpo del Señor Jesús, es
una fina pieza de lino de 3 pies y 7 pulgadas de ancho y
14 pies y tres pulgadas de largo (exactamente 8 por 2 cubits,
la antigua medida usada en Israel).

El manto lleva
la imagen detallada del frente y la espalda de un hombre
que fue crucificado de manera idéntica a Jesús de Nazaret
según describen las Escrituras.

El manto está
en Turín, Italia, desde 1578 y es puesto a exposición pública
aproximadamente una vez por cada generación. La última exhibición
previa a la extraordinaria que se viene realizando como
preparación al Jubileo tuvo lugar en 1978, y en cinco semanas,
aproximadamente 3 y 1/2 millones de peregrinos la visitaron.

Con el fin de
determinar el modo cómo la imagen se imprimió en la sábana,
más de 1000 investigaciones científicas de las más diversas
especialidades han sido realizadas y se le han tomado 32,000
fotografías.

Estas investigaciones
han hecho de la Sábana Santa la reliquia más estudiada de
la historia.

La historia de Secondo
Pia, fotógrafo

La primera fotografía jamás
tomada de la Sábana Santa dio paso a las complejas
investigaciones científicas de la era moderna. ¿Cómo así?

Esta es la breve historia de
Secondo Pía, el fotógrafo de la Sábana Santa.

En 1898, la Casa real de Savoya,
entonces propietaria de la reliquia quiso darle solemnidad
religiosa a la futura boda entre Vittorio Emanuele (III)
y la princesa montenegrina Elena Petrovich-Niegos, que coincidía
además con diversos aniversarios de la Iglesia en Turín.

Así, la Síndone estuvo
expuesta desde el 25 de Mayo hasta el 2 de Junio; una exposición
que pasó a la historia porque en ella se tomó la primera
fotografía de la reliquia.

El afortunado fotógrafo, el
prestigioso abogado Secondo Pia, tomó las fotografías en
condiciones casi imposibles, en una gesta que él mismo,
en un artículo escrito a principios del presente siglo en
francés.

"En Mayo de 1898, acercándose
la fecha de la solemne exhibición de la Santa Sábana, se
me solicitó fotografiar la reliquia. Yo me ofrecía a realizar
el trabajo, a cuenta mía (recuérdese que la fotografía era
una afición sumamente cara) y con la renuncia a cualquier
posible derecho. Esta propuesta, con el importante apoyo
del Barón Antonio Manno, que me honra con su amistad, fue
cálidamente aceptada por el Soberano, Su Majestad Umberto,
quien tuvo la fineza de concederme un exclusivo permiso".

Respecto del proceso técnico,
Pia relata:

"Mi preocupación era intensa
y profunda, especialmente porque tenía que fotografiar un
objeto que nunca antes había visto. Según quienes le habían
visto en anteriores exposiciones, la Santa Sábana presentaba
apenas unas débiles imágenes. Más temores me producían los
problemas de la iluminación y las condiciones en las que
debería operar".

Los temores de Secondo Pia
eran justificados: el primer día dos lámparas eléctricas
de desigual intensidad –las primeras que se utilizaban
en un evento como éste- le hicieron imposible lograr una
impresión en la primera sesión. Al día siguiente, la tarea
fue igualmente imposible: a las luces desiguales se sumaba
la colocación de un vidrio que se había puesto para impedir
el maltrato de la reliquia.

Pero el abogado siguió intentando
desde el estrado especial que había solicitado levantar,
siempre detrás de su cámara de 50 x 60 centímetros. Finalmente,
pese a las dificultades y a la distancia –8 metros
del altar- el abogado fue capaz de realizar sus fotografías
bajo las características técnicas que él mismo describe:

" Expuse dos placas de
50 x 60 centímetro, una con una exposición de 14 minutos
y la otra con una exposición de 20 minutos utilizando un
lente Voigtlander con un diafragma de dos milímetros. Puse
delante del lente un filtro amarillo muy leve usando placas
ortocromáticas de la firma Edward, reveladas con una solución
normal de oxalato ferroso sin ninguna preparación química
especial que pudiese alterar de laguna manera el resultado
usual del revelado".

"Encerrado en el cuarto
oscuro, concentrado sobre mi trabajo, sentí una gran emoción
cuando, durante el revelado, vi aparecer primero el Santo
Rostro en la placa con tal resolución que me sorprendí y
alegré pues desde ese momento pude estar seguro del buen
resultado de mi obra de arte".

El primer descubrimiento del
abogado turinés fue que la imagen en realidad era el "negativo"
de la impresión de un hombre difunto: En efecto, si la imagen
aparecía como un "perfecto positivo" el objeto
no podía ser otra cosa que un "perfecto negativo".

Las placas originales, los
escritos, las múltiples copias, ampliaciones y estudios
del abogado fueron donados en 1961 por su hijo Giuseppe
a los investigadores, concediendo así el primer material
serio de estudio científico sobre la foto, hasta los exámenes
realizados en 1977.

Cronología
de la Sábana Santa

Siglo I: Los Evangelio
relatan que el manto que envolvió a Jesús se encontraba
plegado. El manto habría sido recogido y custodiado por
los cristianos. Para los hebreos, el manto que había rodeado
un cadáver era un objeto impuro que no podía ser expuesto.

Siglo II: Existen
registros de que en Edessa (actual Urfa - Turquía) existía
una imagen de tela con el rostro de Jesús.

525 – Durante
la restauración de la Iglesia de Santa Sofía, de Edessa
se registra el descubrimiento de una imagen de Jesús llamada
acheropita (no hecha por mano humana) llamada Mandylion
(pañuelo). Numerosos testimonios la relacionan con el Sudario,
sobre todo porque los puntos de coincidencia entre los rasgos
de las copias del Mandylion –que fue profusamente reproducido-
y la Sábana superan los 100.

944 – Los
ejércitos bizantinos, en el curso de una campaña contra
el sultanato árabe de Edessa, se apoderan del Mandylion
y lo llevan solemnemente a Constantinopla el 16 de Agosto.
El Mandylion era en realidad la Síndone plegada ocho veces
de modo que se viera sólo el rostro.

1147 – Luis
VII, Rey de Francia, durante su visita a Constantinopla,
venera la Síndone.

1171 - Manuel
I muestra a Amalrico, rey de los Latinos de Jerusalén, las
reliquias de la Pasión, entre las cuales está la Sábana.

1204 - Robert
de Clary, cronista de la IV Cruzada, escribe que: "Todos
los Viernes la Síndone es expuesta en Constantinopla [...]
pero ninguno sabe qué ha sido de la tela después que fuera
saqueada la ciudad". La Sábana desaparece de Constantinopla
y es probable que el temor a las excomuniones que pesaban
sobre los ladrones de reliquias, haya alentado su ocultamiento.
Diversos historiadores suponen que la reliquia fue llevada
a Europa y conservada durante un siglo y medio por los Templarios.

1314 – Los
Templarios, una orden caballeresca de Cruzados, es condenada
y disuelta. Se les acusaba de realizar cultos secretos no
cristianos. Uno de los líderes templarios era Geoffroy de
Charny.

1356 - Geoffroy
de Charny, un cruzado homónimo del anterior, entrega el
Sudario a los canónigos de Lirey, cerca de Troyes, en Francia.
Geoffroy explicó que había poseído la reliquia durante tres
años.

1389 - Pierre
d'Arcis, Obispo de Troyes, prohibe la exhibición de la Síndone.

1390 - Clemente
VII, antipapa de Avignon, se refiere a la Sábana Santa en
dos cartas..

1453 - Margarita
de Charny, descendiente de Geoffroy, cede el Sudario a Ana
de Lusignano, esposa del Duque Ludovico de Savoia, quien
lo llevará a Chambéry.

1506 – El
Papa Julio II aprueba la Misa y el Oficio propio de la Síndone,
permitiendo el culto público.

1532 - Incendio
en Chambéry en la noche del 3 al 4 de diciembre: La urna
de madera revestida de plata que guarda el Sudario se quema
en una esquina y algunas gotas de plata derretida atraviesa
los diversos estratos plegados del lino. Dos años después,
las Clarisas coserán los parches actualmente visibles.

1535 – Por
motivos bélicos, la tela es transferida a Turín, luego a
Vercelli, Milán, Niza y nuevamente a Vercelli; donde permanece
hasta 1561, cuando es regresado a Chambéry.

1578 - Emanuel
Filiberto De Savoia el 14 de Setiembre transfiere la reliquia
a Turín para abreviarle el viaje a San Carlos Borromeo que
quería venerar la reliquia para cumplir un voto. Desde entonces
las exhibiciones se realizaron en ocasiones de celebraciones
particulares de la Casa de Savoia o por Jubileos.

1694 – El
1 de junio se coloca definitivamente en la Capilla del Arquitecto
Guarino Guarini, anexa al Domo de Turín. Aquel mismo año
el beato Sebastiano Valfré refuerza los bordes y los remiendos.

1706 – En
Junio, el Sudario es transferido a Génova a causa del asedio
de Turín, al fin del cual es regresado a la ciudad.

1898 – Es
tomada la primera fotografía por el abogado Secondo Pia
entre el 25 y el 28 Mayo. Con ella se inician los
estudios médico-legales.

1931 - Durante
la exhibición por el matrimonio de Umberto de Savoia, la
Síndone es fotografiada nuevamente por Giuseppe Enrie, fotógrafo
profesional.

1933 - Exhibición
para conmemorar el XIX Centenario de la Redención.

1939/1946 - Durante
la Segunda Guerra Mundial, la Síndone es oculta en el Santuario
de Montevergine (Avellino) del 25 de Setiembre de 1939 al
28 de octubre de 1946.

1969 - Del 16
al 18 de Junio se produce un reconocimiento de la reliquia
de parte de una comisión de estudio nombrada por el Cardenal
Michele Pellegrino. Se realiza la primera fotografía a colores,
tomada por Giovanni Battista Judica Cordiglia.

1973 – Primera
exhibición televisiva en directo (23 de Noviembre).

1978 – Celebración
del IV Centenario de la transferencia de la Síndone de Chambéry
a Turín, con exhibición pública del 26 de Agosto al 8 de
Octubre. Se realiza también el primer Congreso Internacional
de Estudio. Los expertos de STURP (Shroud of Turin Research
Project), efectúan la investigación de 120 horas.

1980 - Durante
la visita a Turín el 13 de Abril, el Papa Juan Pablo II
venera la reliquia.

1983 - El 18 de
Marzo muere Umberto II de Savoia; donando la Síndone al
Papa.

1988 - El 21 de
Abril se toman porciones de la reliquia para la cuestionada
prueba del Carbono 14.

1992 - El 7 de
Setiembre un nuevo grupo de expertos efectúa un reconocimiento
de la Sagrada Tela para ver la manera de mejorar su preservación.

1993 - El 24 de
febrero la Síndone se transfiere tras el altar mayor del
Domo de Turín para permitir los trabajos de restauración
de la capilla guariniana.

1995 - El 5 de
Setiembre el Cardenal Giovanni Saldarini anuncia las dos
próximas exhibiciones, del 18 de Abril al 14 de Junio de
1998 (para celebrar el centenario de la primera fotografía)
y del 29 de Abril al 11 de Junio del 2000 (con ocasión del
Gran Jubileo de la Redención).

1997 – En
la noche entre el 11 y el 12 de Abril un incendio daña gravemente
la capilla de la Síndone. El bombero Mario Trematore rompe
la estructura de vidrio y salva la reliquia.

1998 – El
18 de Abril se inicia la actual exhibición.

Examen
forense al “cuerpo” de Jesús

El forense José Antonio Lorente ha analizado para el Magazine
de El Mundo, a raíz de la polémica desatada por la película de Mel Gibson
La Pasión, las agresiones recibidas durante las últimas ocho horas de la vida
de Cristo muestra que le causaron un sufrimiento indescriptible y que tenían
un propósito criminal.

Con el respeto y admiración que siempre me ha causado la figura
de Jesús, especialmente marcada por mi condición de católico creyente, analizo
desde una perspectiva estrictamente profesional y en base a datos objetivos,
cuál podría haber sido, a la luz de los conocimientos de hoy, el resultado
de la autopsia médico-forense de una persona que hubiese muerto tras sufrir
las lesiones infligidas a Jesús. Todos los datos en los que me baso han sido
obtenidos (por José Manuel Vidal, corresponsal religioso de El Mundo) de las
Sagradas Escrituras, por lo que nada se deja a la improvisación ni a la imaginación
de los autores.

La autopsia forense va encaminada a determinar la causa de
la muerte y las circunstancias de la misma, cuestiones a veces muy complejas
de establecer, como veremos a continuación tras una breve introducción genérica
a la autopsia médico-legal.

La causa de la muerte, en el contexto médico-legal, es de
dos tipos, ambos estrechamente relacionados entre sí: la causa inmediata y
la causa fundamental. La vida tiene un trípode vital (ya descrito por Bichat)
que hace que la misma exista por el funcionamiento coordinado de las funciones
cardiaca, respiratoria y nerviosa; el motivo por el cual cesa al menos una
de estas tres funciones y acaba la vida es la causa inmediata de la muerte.
Esta causa inmediata está a su vez basada en una serie de alteraciones generales
más graves y genéricas, que es la causa fundamental. Así, por ejemplo, una
persona que fallece por un infarto de miocardio tiene como causa inmediata
la isquemia cardiaca con necrosis miocárdica, y como causa fundamental, por
ejemplo, una grave ateroesclerosis con reducción drástica de la luz o diámetro
de una serie de arterias coronarias. Estas causas se recogen siempre en los
certificados médicos de defunción y en las declaraciones o informes de autopsia.

Las circunstancias de la muerte tratan de explicar básicamente
si la misma ha sido criminal (homicida), accidental o suicida, ya que este
tipo de conclusiones son básicas para la investigación judicial. Para ello,
el médico forense estudia minuciosamente el cadáver, primero la parte exterior
(examen externo), y posteriormente las cavidades y órganos internos ubicados
en el cráneo, en el tórax y en el abdomen.

Se usan cuantas técnicas complementarias o auxiliares sean
necesarias (histopatológicas, toxicológicas, genéticas, etcétera), ya que
de estos datos no sólo se puede deducir si la muerte es homicida o accidental,
sino que a veces se consiguen datos sobre los autores del crimen o de ciertas
lesiones (por ejemplo, recuperando semen del cuerpo de una víctima que puede
servir para identificar al autor) y en otras ocasiones sirve hasta para identificar
a un cadáver previamente no identificado (por ejemplo, observando cicatrices
o tatuajes).

He aquí, pues, la declaración de autopsia que podemos deducir
con rigor de las descripciones encontradas en las Sagradas Escrituras, con
mínimas licencias formales de estilo, nunca de contenido.

La autopsia. Sobre la mesa de autopsia se encuentra el cadáver
de un varón, de aproximadamente 30 a 35 años de edad, identificado por un
nutrido grupo de seguidores como Jesús de Nazaret, del que aseguran que tiene
33 años, hijo de José y de María, crucificado tras ser condenado.

En el examen externo se aprecia un buen estado físico, pese
a las lesiones que ha sufrido. En la cabeza destacan múltiples pequeñas heridas
punzantes (pinchazos), incisas (cortes) e inciso-contusas (cortes unidos a
golpes o cortes producidos por instrumentos no cortantes), de disposición
en forma de coronal o de circunferencia, que abarca la parte superior de la
frente y se continúa hacia atrás por ambos lados de la cabeza, afectando a
los huesos parietales, temporal y al occipital.

Las heridas son profundas, afectando a toda la galea capitis
(cuero cabelludo) y llegando hasta la tabla externa de los huesos mencionados.
Los pabellones auriculares se hallan igualmente perforados por la acción de
instrumentos punzantes (pinchos). A consecuencia de las profusas hemorragias
provocadas por las múltiples heridas, es de mencionar que casi todo el cabello
se encuentra, en toda su longitud, empapado en sangre húmeda o con costras
originadas al secarse. Todas las lesiones sufridas son compatibles con las
que produciría una corona de espinas como la que se describe que llevó el
finado.

En el tronco, tanto en su parte anterior (pecho) como en la
posterior (espalda) se aprecian múltiples lesiones, donde predominan las contusiones
en forma de equimosis, equimomas y hematomas (cardenales), algunas de ellas
de carácter longitudinal en forma figurada que reproducen los objetos que
las produjeron, muy probablemente por una o varios flagrum (especie de látigo
de correas o tiras). Por la violencia de los golpes y/o por la reiteración
de los mismos en ciertas zonas, se han producido soluciones de continuidad,
apareciendo heridas contusas longitudinales, erosiones (arañazos superficiales)
y excoriaciones (arañazos profundos, donde aparece sangre).

En algunos puntos del cuerpo las heridas contusas son especialmente
profundas, produciendo un gran desgarramiento muscular y también hemorragias
profusas. Todas estas lesiones predominan sobre todo en la parte posterior
del tronco. Finalmente, en la zona costal derecha, anterolateralmente, destaca
una herida incisa profunda, con evidentes signos de haber producido una abundante
hemorragia.

En ambas extremidades superiores, casi a la altura de las
manos, en la zona carpiana, se aprecia una herida punzante transfixiante (que
atraviesa), con bordes contusos y signos de desgarramiento por haber soportado
gran peso, probablemente el del cuerpo. En las manos, en la palma y en la
eminencia tenar, se aprecian erosiones y excoriaciones, compatibles con las
producidas al apoyarse en el suelo tras una caída. En las extremidades inferiores
se aprecia, en ambos pies, una herida punzante transfixiante de bordes contusos.
Las rodillas aparecen con erosiones y excoriaciones, probablemente por haberse
caído y golpeado sobre las mismas.

En el examen interno (podemos deducir) se apreciarían signos
propios de una hipoxia-anoxia, hemorragia masiva, shock hipovolémico, con
palidez de mucosas y de órganos internos como los pulmones, el hígado y los
riñones. Además se encuentra una cantidad muy limitada de sangre en cavidades
cardiacas y en los grandes vasos arteriovenosos. Existirían signos de asfixia
en cerebro y pulmones, todo ello compatible con una agonía prolongada.

Es necesario ahora realizar una serie de razonamientos (llamados
consideraciones médico-legales) antes de concluir con las circunstancias de
la muerte.

Comenzamos constatando que no se han descrito lesiones mortales,
o sea, aquéllas que por afectar a un órgano o función vital, son causa inmediata
y fundamental de muerte. Todo ello nos lleva a considerar la muerte de Jesús
de Nazaret como el resultado de un largo proceso agónico.

Desde las nueve de la noche del jueves 12 (al acabar la Última
Cena y ser detenido) hasta las tres de la tarde del viernes 13 en que murió,
transcurren un total de 18 horas. Desde el momento de su detención, parece
que no ingirió ningún tipo de alimento o líquido. Los castigos (excepto el
bastonazo propiciado por un criado de Caifás poco después de su detención)
comenzaron sobre las siete de la mañana del viernes, por lo que hasta el momento
de la muerte transcurren unas ocho horas. Las otras lesiones proceden de la
flagelación, y son múltiples latigazos en el pecho y la espalda. Estas lesiones
provocan hemorragias que en principio no tienen por qué ser muy profusas al
no ser profundas y por tanto no afectar a grandes arterias y venas.

Sin embargo, al ser una extensión muy amplia del cuerpo (pecho
y espalda) la pérdida sanguínea se va acumulando y puede ser significativa,
pudiendo producir (a lo largo de las más de ocho horas de castigo) la pérdida
de uno o dos litros de sangre y plasma (sinceramente no creemos que se pudiese
perder más, ya que esas lesiones en vasos de diámetro pequeño y mediano tienden
a cerrarse per se).

Una hemorragia produce una pérdida del volumen de sangre (que
se denomina volemia), por lo que la pérdida de sangre se llama hipovolemia.
Una gran hipovolemia origina una crisis o shock en el funcionamiento del organismo,
que en este caso se llama shock hipovolémico.

Paralelamente, habida cuenta la gran cantidad de golpes que
impactan en los mismos lugares, se producen una serie de graves lesiones similares
a las de un aplastamiento o machacamiento, lo que se conoce en medicina como
síndrome de aplastamiento (crush syndrome) y que implica la liberación de
sustancias al interior de la sangre, entre ellas mioglobina procedente de
los músculos, que provoca alteraciones en los procesos renales de filtración.

Tan masiva cantidad de golpes en el tórax es también causa
de un gran dolor, enorme e incalificable sufrimiento. Entre los mecanismos
de defensa que de modo automático o inconsciente utiliza el organismo está
el de reducir la movilidad al mínimo (cuando, por ejemplo, una persona se
hace daño en un dedo, lo primero que hace inmediatamente después es cogerlo
con la otra mano y no moverlo); la reducción de la movilidad en el tórax se
traduce en respiraciones superficiales que originan una hipoxia (falta de
oxigenación de la sangre por no respirar adecuadamente), que se asocia a una
hipercapnia (exceso de dióxido de carbono por el mismo motivo) y a una serie
de alteraciones del equilibrio ácido-base.

A esto hay que unir que, por la postura existente en la cruz,
donde el cuerpo cuelga literalmente de las extremidades superiores a través
de una tensión que se transmite al tórax y a sus músculos, que ven dificultada
sus funciones, entre ellas la de facilitar los movimientos respiratorios.

Las graves lesiones traumáticas en el tórax bien pudieron
producir una irritación de las membranas que rodean los pulmones (pleuras),
ocasionando una pleuritis con una acumulación de líquido llamado exudado en
el espacio interpleural. Esto puede explicar perfectamente por qué salió “sangre
y agua” al pinchar en el lado derecho de su costado: sangre de las lesiones
propias de las arterias y venas de la zona, y “agua” que sería el exudado
acumulado entre las pleuras (interpleural).

Las lesiones producidas por los clavos en ambas manos (zona
carpiana) y en los pies no deben estar en principio relacionadas con la causa
de la muerte, ya que no afectan órganos vitales y una posible infección grave
no se desarrolla en tan corto plazo de tiempo. La única posible influencia
–no descrita en las Sagradas Escrituras– es la producción de una gran hemorragia
porque se hubiesen afectado arterias o venas de gran calibre, lo cual hubiese
redundado en el posible shock hipovolémico mencionado.

Las lesiones producidas por la corona de espinas en la cabeza
no están probablemente relacionadas con la causa de la muerte (no afectan
órganos vitales al no penetrar en el cerebro ni producen gran hemorragia).

Una nota final para destacar que la posición en la cruz (ortostática,
de pie) hace difícil la llegada de oxígeno al cerebro, ya que la sangre tiende
a acumularse en las partes inferiores del organismo (por efecto de la gravedad),
sobre todo cuando el corazón funciona débilmente, por lo que la oxigenación
del órgano que más lo necesita (el cerebro o sistema nervioso central) es
deficiente.

Conociendo la lenta agonía y el mantenimiento de la conciencia
casi hasta el último instante, en base a todas las consideraciones anteriormente
expuestas, obtenemos las siguientes conclusiones médico-legales como las más
probables:

Causa inmediata de la muerte: hipoxia-anoxia (hipoxia es disminución
de la concentración de oxígeno en la sangre, y anoxia es la ausencia total
de oxígeno en la misma) cerebral consecuencia de hipovolemia (disminución
del volumen de sangre) post-hemorrágica, de insuficiencia respiratoria mecánica
(incapacidad para respirar adecuadamente por falta de movilidad) por graves
lesiones en músculos intercostales, y de insuficiencia cardiaca.

Causa fundamental de la muerte: múltiples heridas inciso-contusas,
equimosis, erosiones, excoriaciones y hematomas en la parte anterior y posterior
del tronco.

Origen de la muerte: criminal.

El doctor José Antonio Lorente Acosta es especialista en Medicina
Legal y Forense y profesor titular de Medicina Legal de la Universidad de
Granada.